Cecilia Arditto Delsoglio

Post Term: técnicas extendidas

Mismo mapa, otro lugar.

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¿Cuál es el elemento permanente común a todos los objetos sonoros que salen de un mismo instrumento?
Instrumento de música: cualquier dispositivo que pueda obtener una colección variada de objetos sonoros manteniendo en espíritu la presencia de una causa.
 
Tratado de los objetos musicales, Pierre Schaeffer

Parafraseando a Schaeffer, un instrumento es una colección de sonidos, muchas veces muy diversos. Y a veces es también un instrumento musical.
¿Qué tienen en común una nota de piano en registro medio a la nota más aguda? Sus propiedades acústicas son ciertamente distintas. Pero la construcción cultural de lo que es un instrumento nos hace pensar en un único concepto bajo la idea de piano, reconocible por nuestros oídos y por nuestro cerebro en un complejo sistema de percepción, por suerte bastante inexplicable. Otro francés, Michel Foucault, en Las palabras y las cosas, se pregunta cuál es la relación del paraguas y la máquina de coser sobre la mesa de disección. Misma pregunta se puede aplicar al repertorio de sonidos de cualquier objeto musical.

Las técnicas extendidas han dibujado un contorno distinto de los mismos objetos musicales en el siglo XX. El viajero esta vez no se mueve de su casa, pero viaja con sus ojos, interpretando el mismo mapa de otra manera. Estoy volviendo a mi adorado ciclo Música invisible y a la fascinación por el timbre (¡again!). ¿Es qué siempre escribiré la misma música?

Me gusta pensar en la propia casa como terra incógnita: el mundo familiar visto desde otro ángulo, a diferencia de lo nuevo visto con los mismos ojos.
C.A.

Charlando con Gabriel Abellán

https://labellephysique.wordpress.com/2010/09/28/sentencia/

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El problema de basarse en la propia experiencia para los procesos creativos, es que, por lo general, la propia experiencia, si bien se siente intensa y verdadera, no deja de ser limitada. El mundo es vasto pero nosotros no: el tamaño del mundo pasa por el tamaño de los ojos que lo captan.

La exploración del sonido es, para cualquier compositor, una fuente inagotable de ideas y de recursos, siempre que se puedan dejar los materiales atrás para poder trabajar en un nivel más abstracto. En mi perspectiva, estar muy pegado a materiales determinados, es una fuente de inspiración que se convierte, inmediatamente, en una limitación.
Eso es muy evidente en los músicos que tocan muy bien un instrumento a la hora de componer para ese mismo instrumento. Tienen recursos increíbles, pero no pueden salir del perímetro de su experiencia. Salvo raras excepciones, las obras son muy aburridas.

Un compositor, más ajeno al instrumento, es más libre para pensarlo  desde otro lugar más desprejuiciado.  También la intuición pura del compositor puede ser algo limitado. Siempre se nos ocurren más o menos las mismas cosas. Es difícil salir de la ocurrencia.

La intuición dialoga con la técnica, la del intérprete y la del compositor. La técnica siempre ayuda a imaginar el más allá. Eso si no caemos en el tecnicismo.
Si construimos un cohete para legar a la luna el objetivo es la luna y no la nave. Lo mismo con el contrapunto florido y la armonía espectral. El objetivo es la música. La técnica es un medio.

 

La función hace al órgano

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La expansión de los instrumentos me lleva, cada vez más, a una música fuera de los instrumentos. Una música de gestos, de guiños, de expectativas, de pequeños ruiditos, de movimientos, de luces. Una música de instrumentos frágiles, más aún.

Las técnicas se expanden a una nada instrumental, donde paradójicamente el instrumento sigue siendo de alguna manera el protagonista, pero como una aureola. El recuerdo de lo que era reemplaza a la vivencia. No es un recuerdo basado en la nada, sino en prácticas antiguas que se alejan como las estaciones de un tren que mira para adelante pero que sabe de su pasado.
Aureola de órgano, de timbal, de nota. Un recuerdo de algo que era una trompeta. Cuanto más borroneados los instrumentos, más ellos mismos.
Los instrumentos van creando un nuevo mapa acústico, de regiones borrosas y de gestos fuertes. Lo que permanece es la notación, que abrocha estas vaguedades en un discurso pentagramado, como una manera de darle entidad a lo efímero y salvarse de la desaparición.
Mi pieza para órgano y dos percusionistas va a ser una pieza de hilitos colgando, de ventiladores y aire en movimiento. Una pieza hecha con nada. Y surge como siempre la pregunta de cómo hacer posible la existencia de objetos frágiles y dispersos. Como hacer que la nada sea consistente.
Tengo una carta en la manga, siempre la misma, como un mantra que me acompaña. Mi carta son las estructuras rígidas: una arquitectura “sólida” que llenaré de nadas, de espejitos de colores, de vaguedades y desasosiegos instrumentales.
Así voy por la vida, entre la calculadora y la metáfora, entre la organología de los instrumentos y la ley de los objetos encontrados.
Es como si escribiera una música de símbolos musicales donde los objetos han sido pulverizados y solo quedara un vocabulario deshilachado en función de una gramática viva.
Se me ocurre olvidar los instrumentos de a poco, pedirle a los luthiers que los vayan borrando, a los intérpretes que los extralimiten hasta la desaparición, hasta que se vuelvan pura función, pura esencia.