Cecilia Arditto Delsoglio

Post Term: low-tech

Volveremos… ¿y seremos…?

Mis últimas obras están basadas en medios analógicos, sean un grabador a casete o una escoba. Estoy con un pie en este mundo sesentoso, porque los objetos tienen para mí la significación de haber sido los protagonistas de mi infancia. Los tocadiscos, cassettes, etc., son una historia para mi más vívida que las sonatinas para piano de Clementi. También son “materiales” que tienen que ver con mi época.  ¿Y qué  haré con esta pasado? ¿A qué presente me retrotrae? Son preguntas abiertas.

Tengo la esperanza que las obras mismas vayan contestando estas preguntas. Es un proceso que sigue un movimiento interno que es inmanejable. No me molesta la emulación de otra época. Pero nunca me ha interesado la maqueta, esconderse en otros lenguajes, volver a pisar la misma huella. La nostalgia en este contexto es un término que no me define: una palabra que se refiere a un presente vacío, devorado por un pasado omnipresente.
Los compositores parafraseamos inevitablemente la historia (inmediata o lejana) en nuestro nuevos trabajos. A lo anterior lo veo como un piso móvil, un “starting from somewhere”.

 

 

 

Mundo agradable

El mundo digital vuelve los procesos mecánicos invisibles. El mundo análogo nos recuerda como eran los mecanismos y establece relaciones causa-consecuencia palpables. Es un mundo donde los objetos son identificables por su forma: hay teléfonos, lámparas, tocadiscos, micrófonos, máquinas de escribir, cámaras de fotos… escapando de la multifunción de la computadora.

Apretamos un botón y la cinta se para. Apretamos otro botón y arranca de nuevo. Todo es obvio. ¡Enchufamos la luz y vemos! ¡El cable nos trajo la magia!  Vinilo grande: obra larga, disco chiquito, obra corta.  Rebobinamos mucho o poco, depende del tiempo transcurrido. No hay duda. El tiempo es mensurable, es visible.

En el mundo análogo podemos disfrutar de la magia de los procesos… escuchar un disco es la música grabada, pero es también la actividad.

Espacios inhabitados – Música temprana

La reproducción técnica puede poner la copia del original en situaciones tales que resulten inalcanzables para el original. […] la obra coral, interpretada en un auditorio o cielo abierto, puede ser ejecutada en una habitación.  

Walter Benjamín

Mi obra, como en una película de ciencia ficción, viaja por el tiempo. Viene desde el pasado hasta el presente y ha sufrido transformaciones extrañas en el camino. Sus nuevos espacios de reproducción son distintos, casi imposibles, ubicados en lugares casi surrealistas:

  • Un reproductor de casete colocado dentro del clave suena como una guitarra barroca.
  • Los cantantes cantan dentro de mangueras llevando sus voces lejos de la fuente.
  • Hay instrumentos ubicados en el techo que suenan a la distancia.
  • Hay reproductores de audio repartidos en la sala activados vía mis amados-trillados interruptores a distancia (tengo un reproductor de casete negro que compré por cinco euros, que ha recorrido literalmente el mundo).

Matthias Spahlinger en su dúo para violín y cello “Adieu m’amour-Hommage à Guillaume Dufay”, pasa a Dufay por el filtro de la historia a través de una scordatura extremadamente baja. La obra se escucha mucho  más grave y con otro color instrumental, ya que las cuerdas no están preparadas para tocar tan grave. La música atraviesa capas de inteligibilidad y llega al ahora como un eco distorsionado, pero a su vez reconocible.

De las experiencias que exorcizan la música antigua en la arena contemporánea, la de Spahlinger me parece la más interesante. La scordatura baja produce una transformación radical en la obra original. Los materiales antiguos no son utilizados de forma decorativa, a la manera de un wall paper mezclados con algunos ruiditos contemporáneo como hacen tantos compositores actuales como Sciarrino. El filtrado de Spahlinger es radical. Va al corazón de la obra.

En la película “La mosca” la tele transportación ha trasmutado la constitución de una persona mezclándola con un elemento nuevo (la propia mosca).

Los grabadores serían, en mi nueva obra, el filtro de scordatura que usa Spahlinger en “Adieu”.  Y mi  lápiz afilado sería “La mosca”, alterando la genética de una música que… sí… ya sé…  ¡era tan bonita!

 

Dos

Estoy escribiendo “Dos”, una pieza para cantante y vinilos. Escribir es casi lo que no hice hasta ahora, dentro de la deriva multifacética de lo que es componer esta obra.

La idea principal parte de las distintas velocidades de reproducción de un vinilo. El tocadiscos como filtro de la grabación. Con la ayuda de Gabriel Abellán, físico que vive en Venezuela,  pude organizar un cuadro de modulaciones de altura y de modulaciones métricas traducidas a  figuración musical, basadas en las velocidades del tocadiscos.

Decidí utilizar dos tocadiscos simultáneamente. Y dos discos.

 

Los vinilos reproducen una pequeña pieza de Schumann, del ciclo para piano Carnaval. Comencé a  buscar versiones de Schumann en vinilo. Compro discos en Internet y en mercados de pulgas. Hago mini negocios.
Personas que viven en pueblitos de Holanda me mandaron sus vinilos por correo. Se los sacaron de encima por poca plata. Conseguí una versión orquestal de la piecita de Schumann orquestado por quien sabe quien (no es Ravel). Una orquestación muy grasa si se toca a la velocidad original en el tocadiscos. Hermoso disco si se reproduce a 16 rpm.

Siguen charlas con, juegos con los tocadiscos a distintas velocidades…

¡Y ahora metele el dedo al vinilo!
¿Y si lo pasas al revés?
¿No se arruinará la púa?

Diccionario de la experimentación ya experimentada. Por ahora, de la composición, nada.

Me bajé unas películas sobre la vida de Schumann infumables. Una con Natasha Kinski y otra con Katharine Hepburn.

Ayer en el tren, viniendo de un ensayo en el sur de Holanda, me encuentro escribiendo las modulaciones métricas de las distintas velocidades de los tocadiscos. Encontré la fórmula. Era fácil. Tengo que cambiar de tren en Róterdam. 35 minutos de espera. Son las dos de la mañana. Hace mucho frío.

Todavía en el limbo con la música. Un limbo anodino. Un limbo-limbo.

Monté las distintas velocidades de la pieza en el Audacity, un editor de audio multipista, con funciones que permiten editar el Schumann original cambiando la duración y la altura simultánea y proporcionalmente, como sucede con el tocadiscos cuando cambiamos de una velocidad a la otra.

Hoy la pieza se me armó. Todo encaja. Y La pieza se llama Dos. Dos tocadiscos a la vez que tocan a destiempo con cambios de velocidades. Dos versiones de lo mismo a la vez. Schumann y Florestán, los dos protagonistas simultáneos de un cerebro alienado. Mi obra se remonta a un pasado personal muy intenso que no estaba en los planes.

La cantante dialoga con los dos tocadiscos intermitentemente. Dos notas aquí y luego dos allá, cruzando la frontera del Eusebius al Florestán al Eusebius. El ejercicio de escuchar dos grabaciones a la vez es enloquecedor. ¡No se puede escuchar dos cosas diferentes al la vez! No es humanamente posible. No se puede vivir con dos voces gritando en la cabeza. Además son dos voces distintas que a la vez son la misma. Más confusión.

Son dos mundos que no pueden encontrar un espacio común. No es consonante, no es disonante. Es puro disturbio. Dos personas distintas que también son la misma. La locura de Schumann.

Me salió una canción triste. Yo solo pensaba en las cuentas de las velocidades y termino, a la Schumann, trabajando con una intensidad decimonónica.

Jamás hubiera podido iniciar el proceso al revés:

Quiero escribir una obra que se llame “Dos”, que se trate de la alienación de Schumann y la convivencia simultánea de sus dos alter egos, Eusebius y Florestán. Están representados por vinilos a diferentes velocidades, nunca mejor dicho, traspolados.
La cantante alterna los dos mundos como puede. Apaga un tocadiscos. Después el otro.  Dura 3.30”.

Esta pieza duele.

Enlace a “Dos” #1 y #2: notas de programa, audio, y partitura completa PDF.

La máquina del tiempo 2

Cuando compongo, mientras me distraigo con pequeñeces (la armonía, el concepto, la forma, los materiales, etc.) lo más importante sucede por sí solo. Y vienen a mi mente frases típicas de almanaque chino y también de  John Cage (que está muy cerca del tono del almanaque) que dicen que cuando uno se enfoca en algo,  lo importante sucede por otro lado.

Estoy escribiendo “La máquina del tiempo” para piano, violín y trombón. El título podría remitirse a la maravillosa ciencia ficción de H.G. Wells, pero no. En este caso remite a la ciencia ficción cotidiana, aquella de los viajes en el tiempo al pasado personal a través de los objetos.

Mi pieza usa reproductores de casete típicos de mi infancia (década del 70). Los compro en  un sitio de segunda mano online en Holanda, a muy buen precio y con packaging original. Estos reproductores, además de música, nos rescatan cierta atmósfera y tipo de sonido.

https://www.marktplaats.nl/

De adolescente grababa música de casete a casete, usando dos grabadores enfrentados, al aire libre, en la cocina del departamento donde vivíamos. Uno reproducía y el otro grababa. Y toda la familia estaba en capilla, porque todos los ruidos entraban en la grabación.
Estas memorias son parte de la música que estoy escribiendo ahora: una arqueología personal de los sonidos, atados a las experiencias. Si bien el rewind en la vida no existe, nos quedan los recuerdos. Y también la música, esa maravillosa gran memoria del mundo.